OSADO RESCATE DE ISLA CORONADO

Articulo Publicado en el Diario Excélsior

Isla Coronado fue rescatada por el Arrebato Nacionalista de un Puñado de Osados Marinos…

 

Nostálgico, frente a las ruinas de lo que fue el famoso casino-hotel Golden Castle, en donde Al Capone, el celebre gangster de Chicago, reunía a los miembros del “jet-set” de los años veinte, el teniente coronel retirado Ismael Llamas, relato a este enviado los pormenores de una extraña expedición que bajo sus ordenes y surgida de un espíritu de nacionalismo, osadía y aventura, permitió a México recuperar esta, la única de las islas del Archipiélago del Norte.

Coronado, con una extensión de unos cuarenta kilómetros cuadrados, es ahora un páramo, en donde solo quedan restos de lo que fue el casino de Al Capone, por el que desfilaron luminarias de Hollywood como Mae West, Tyrone Power y Clark Gable, y sobresalen del agua algunos maderos del muelle en donde atracaban los yates de personajes tan poderosos como William Randolph Hearst, Rockerfeller, Rotschild o Singer. Esta bajo la custodia de un pelotón de infantes de Marina y habilitado por guardafaros y una docena de familias de pescadores.

 “Mire –dice el teniente coronel Llamas- lo único que necesita México para recuperar las otras ocho islas son…tamaños. Porque ellos, los gringos, saben que no tienen ningún derecho legal sobre las islas. Y prueba de esto es aquella expedición que una noche emprendimos y que, a fin de cuentas permitió que México recuperara la Isla de Coronado”.

Centro de recreo internacional

 El “Golden Castle” era un centro de recreo de prestigio internacional, se hallaba en una pequeña caleta, aislada por acantilados, una fortaleza casi inexpugnable que Al Capone había mandado construir para reunir allí a los personajes de la época, que cuando en Estados Unidos la prohibición alcohólica había empujado al clandestinaje a los centros de diversión.

La construcción semiderruida, que actualmente sirve como escuela para los hijos de los Infantes de Marina que resguardan las islas, todavía conserva rastros del esplendor de aquellas épocas, cuando allí eran famosas las fiestas en las que participaban Josephine Baker, Fred Astaire, Lena Horn o Al Johnson y otros. Años después fue adicionado con instalaciones para club de yates, de pesca y centro de veraneo.

En 1947, el teniente coronel Llamas, que a la sazón tenia el grado de mayor, fue destacado al frente de la guarnición militar del cuartel de “El Ciprés”, en Ensenada, Baja California. Era un joven medico militar recién egresado de la academia “con todo el valor dentro del pecho y la vida por delante”.

Para celebrar la llegada de la guarnición, el club de leones ofreció una fiesta en su casino de Ensenada. Allí la charla comenzó a tejerse en torno de los abusos de Estados Unidos en territorio mexicano. Y en el largo rosario de sucedidos que los lugareños narraron a los jóvenes militares salió a colación el tema de las islas arrebatadas a territorio mexicano. El mayor Llamas se mostró incrédulo. Pidió pruebas.

“Todo cuanto le hemos dicho es cierto –le dijeron sus anfitriones bajacalifornianos-. Podemos probarlo”.  Al día siguiente, Llamas se procuró copias de los Tratados de Guadalupe–Hidalgo y la Mesilla, investigo la situación de las islas, fue a verlas y obtuvo pruebas de que no había nada que pudiera justificar la presencia de estadounidenses en esas islas, al parecer era territorio mexicano ignorado.

      “Pero ¿cómo puede ser posible esto? ¿Estas seguro de lo que dices?”, le preguntaron. Lo comentó con sus compañeros oficiales. Llamas les hizo una detallada exposición de lo que había encontrado durante su investigación y les propuso “Vamos a ocupar la isla de Coronado que es la más cercana. Esta aquí nomás, frente a Rosario. Si no hay problemas, ponemos guarniciones en las otras ocho…”  Algún oficial dudó. “Mejor vamos a consultarlo a México. No sea que nos metamos en un lió…”   Pero todos los demás se habían contagiado del espíritu nacionalista de Llamas, y respondieron: “Vamos a recuperar las islas”.  El mayor expuso otro argumento adicional: “Además, la obligación del Ejercito, en lo fundamental, es proteger el territorio y la soberanía nacional, ¿no? Pues vamos a cumplir con lo que la patria nos señala como sagrada obligación”.  Cuando termino su arenga, los soldados y oficiales le manifestaron su entusiasmo con una ovación.

Salen a ocupar la isla

 Sin preámbulos, se dirigieron a la base de la Marina para pedir una embarcación. Y una madrugada, “De cielo limpio y luna llena” –según recuerda el mayor–, salieron con destino a la isla de Coronado.  Llegaron al amanecer. La tropa desembarco y, según la estrategia militar trazada de antemano, tomo de inmediato posiciones en el Casino, en el Hotel y en el muelle. Llamas espero hasta el ultimo momento antes de salir.

Ante el movimiento de militares, que tomo por sorpresa, lo mismo a los desvelados turistas, que al personal del casino, salió el gerente para averiguar lo que pasaba.  Venimos –dijo el mayor– en nombre del Gobierno de México a tomar posesión de esta isla, que es parte del territorio nacional…”,expreso con voz firme.

       El gerente estadounidense, quedo pálido y estupefacto.

      –Bueno…pero es que….mi compañía… – musitó.

       Avise usted a su compañía y a sus jefes. Dígales que si tienen pruebas que acrediten la propiedad de la isla, o títulos oficiales que les permitan ocuparlas, que los muestren al Gobierno de México, a través del gobierno estadounidense. Mientras tanto, la tropa quedará en resguardo de la isla”, repuso el mayor.

      Luego se retiró con dos oficiales, no sin antes dejar allí apostados a los elementos de su pelotón.

      Paso una semana. Luego un mes. Finalmente llego uno de los soldados para avisarle que “los gringos ya están sacando sus cosas de la isla…”

      –“Sigan allí hasta que no reciban nuevas instrucciones”.

      Semanas mas tarde estallo la bomba. Llegó el secretario de la Defensa, acompañado por el Procurador. “¿Pero que han hecho ustedes? –le preguntaron indignados–. Esto va a provocar un problema de proporciones internacionales. Preséntese inmediatamente a declarar”.

      –Señores– les respondió el mayor– solamente cumplimos la obligación y el honor de soldados de resguardar el territorio nacional.

      –Bueno. Esta bien. Pero debieron haber consultado. Ahora esperemos que la cosa no llegue a mayores. Y regresaron a México.

      Así paso el tiempo. Seis meses. Un año. El mayor casi se había olvidado del asunto cuando un día se fue de pesca a Coronado. Allí se encontró a sus soldados, convertidos casi en ermitaños.

      –Por favor– le dijeron– haga usted algo para que nos saquen de aquí. Mire, cada mes desde que tomamos la isla viene solo un barco de la armada para traernos agua y alimentos y pagarnos los haberes. Nos sostenemos con la pesca y la caza de cabras…

      Así se consumó la recuperación y se inicio el nuevo abandono de la Isla Coronado.

  Por Victor Payán

Articulos tomados del boletin de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadistica, Volumen II, Tomo CXXXIII, Agosto-Noviembre de 1983, y que forman parte de la denuncia periodistica que durante el mes de abril de 1983 publicó Excélsior, en los cuales queda de manifiesto que en el Archipiélago del Norte, siete de sus ocho islas se encuentran ocupadas y en poder de los Estados Unidos , sin que se hayan hecho las reclamaciones oficiales que permitan extender a ellas la Soberania Mexicana.

INVASION DE NUESTRAS ISLAS

Articulo Publicado en el Diario Excélsior

En la isla de San Clemente, prósperos consorcios estadounidenses ofrecen condominios de veraneo en 60,000 dólares “por treinta años de propiedad”; (los Dodgers poseen un campo especial); en San Miguel, Santa Rosa, Santa Cruz y Santa Bárbara, florecen la ganadería de alto registro y la agricultura; En San Miguel se advierte la actividad de veintenas de barcos pesqueros; San Nicolás es un espejo de acero con sus instalaciones militares. Todo bajo el control de la Armada de Estados Unidos.

Las ocho islas del Archipiélago del Norte están anotadas en las cartas de navegación de este país como “áreas restringidas”. San Clemente, San Nicolás, Santa Cruz, Santa Bárbara, Santa Rosa y San Miguel son centros de pesca, ganadería y turismo, conectadas directamente con Los Ángeles y San Diego, Solo dos están deshabitadas -Anacapa y San Juan- pero en ellas se observan radares e instalaciones con la leyenda “U.S. Navy”.  El enviado de Excélsior recorrió el Archipiélago desde un avión privado, pues el ejercito de Estados Unidos no permite el aterrizaje de naves extranjeras, sin un complicado trámite previo. Durante el recorrido se le advirtió por radio que en caso de sobrevolar por las instalaciones militares de las islas, la nave seria sujeta a la condición de espía por sobrevolar sin autorización expresa sobre una “reservación militar”.

La isla más importante es San Clemente, con una extensión de veinte millas cuadradas. Desde el aire se aprecian unos cien edificios de gran altura, la mayoría hoteles, condominios y sitios de veraneo. La isla tiene la forma de un cuerno. En su extremo más ancho se observan dos aeropuertos y muelles militares.

La parte alta es una gran planicie en donde también se destacan grandes construcciones de color gris coronadas por antenas, sistemas de radar, en donde hay gran movimiento de vehículos militares. Toda la isla tiene un gran numero de carreteras pavimentadas.Construcciones de tipo militar

En la isla de San Nicolás también es ostensible el numero de construcciones de color gris y verde olivo de tipo militar. Tiene un gran muelle en donde se ven destructores y transportes militares, junto a los que parecen ser grandes depósitos de combustible de construcción circular.   Las ocho islas están incluidas en las guías de navegación aérea, pero en todas es clara la prohibición que impide el acceso de naves extranjeras particulares ni oficiales. En todas también se observan grandes antenas e instalaciones de radar.

Todas las islas se encuentran frente a la costa de California, entre los puertos de Santa Bárbara, Los Ángeles y San Diego. Las mayores en extensión –que fluctúa entre veinte y treinta millas cuadradas en promedio- son las de Santa Bárbara, San Clemente y San Nicolás. Todas ellas tienen comunicación constante, naval y aérea con Estados Unidos.

En las islas de San Miguel, Santa Rosa, Santa Cruz y Santa Bárbara verdean extensos campos dedicados a la agricultura y a la ganadería. Todos son praderas artificiales creadas con una costosa tecnología. Desde el aire impresiona el gran numero de cabezas de ganado que pastan en los campos. En zonas aledañas se aprecian instalaciones que podrían pasar por grandes empacadoras y congeladoras de carne.      En las cuatro se aprecian también muelles especiales para el embarque de ganado. Se ven asimismo extensos corrales, bebederos, instalaciones de riego, pozos y caminos que los cruzan en todas direcciones.

Aparentemente cada isla esta dividida en tres o cuatro grandes ranchos. Desde el aire se observan decenas de jinetes que cuidan del ganado, torres para pozos artesianos, aeropuertos e instalaciones de radio.Barcos, Veleros, Yates… En San Nicolás y Santa Bárbara funcionan centros pesqueros. Tienen muelles estupendos en donde hay anclados barcos para la pesca comercial, veleros para la pesca deportiva, yates y lanchas rápidas de turismo.

Entre las ocho islas y las costas de California hay un transito constante, de todo tipo de embarcaciones. Las principales rutas están custodiadas por botes de la armada estadounidense que detienen a cualquier embarcación cuya bandera y matricula no sea de ese país. Aun cuando una buena parte de la navegación en esta área parece ser de tipo turístico, los registros de la estación naval de San Diego muestran que la mayor parte es trafico militar y un numero considerable son embarcaciones de carga que transportan pesca, ganado y productos a los muelles de San Diego y Los Ángeles.

La isla de Santa Rosa parece ser la que mayo actividad ganadera y agrícola posee por la cantidad de vehículos que la circulan y los numerosos caminos que la cruzan. Al parecer esta dividida en seis propiedades. La isla de Santa Cruz, por su parte, esta dividida en dos por una inmensa cañada. En el fondo por su frescura, están las casas de propietarios y administradores.

La isla de San Miguel es objeto de intensas promociones turísticas en todo Estados Unidos y Canadá por ser el centro de emigración de focas, morsas y lobos marinos, que tienen aquí extensas colonias en donde los turistas los pueden observar desde una distancia relativamente corta.

Según varios informantes de San Diego y Los Ángeles, los únicos mexicanos que se localizan en estas islas son trabajadores al servicio de los rancheros o empleados de los barcos de pesca o los yates que mantienen aquí millonarios y artistas de Hollywood.

En la base militar de San Diego no se proporciona ninguna información sobre la propiedad de las islas y a las preguntas se responde simplemente que son “reservaciones militares bajo la custodia de la armada”.

Por Victor Payán

Articulos tomados del boletin de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadistica, Volumen II, Tomo CXXXIII, Agosto-Noviembre de 1983, y que forman parte de la denuncia periodistica que durante el mes de abril de 1983 publicó Excélsior, en los cuales queda de manifiesto que en el Archipiélago del Norte, siete de sus ocho islas se encuentran ocupadas y en poder de los Estados Unidos , sin que se hayan hecho las reclamaciones oficiales que permitan extender a ellas la Soberania Mexicana.